Hoy es mi cumple. Escribo esto a las 1 am sabiendo que trabajo en unas horitas, pero me da igual. Hago 21 años y creo que ya toca dejar mis intenciones artísticas y vitales por escrito. Almenos las que tengo ahora.
Después de pasar por dos años de demasiadas cosas y la realización de que mi vida sexual se ha desarollado entre abusos y dinámicas malas, me sentí extremadamente rota. Ya no solo soy una chica gorda con problemas por socializar sino que ahora tengo traumas sexuales y una autoestima tan baja que me hace callar demasiado. Soy de esas personas que no hace bien las cosas. Ni a la primera, ni a la tercera. A la número cien quizá ya si. No tengo ganas de nada. Bueno si, de dormir pacíficamente mientras abrazo el peluche que me regaló mi madre y me masturbo.
Y fue entre está depresión y este descenso al odio propio que reencontré algo que había olvidado. El fanfiction. Las pelis de crepúsculo. La escritura mala. El hentai exagerado. La tensa línia entre la vergüenza ajena y el placer sexual más sincero. Redescubrí lo mucho que me pone el porno escrito. Y más si es sobre un personaje que me gusta. Redescubrí lo bien que se siente abrazar todo aquello que me hace patética y me avergüenza y restregárselo a todo el mundo. En sí, recordé lo placentero y liberador que es sentir vergüenza de uno mismo.
Porque la gorda a la que nadie quiere es la que grita más y la que habla más sobre sexo. La que da más vergüenza ajena. La que nadie soporta. La que solo fantasea porque es disfuncional sexualmente. La que sólo escribe, dibuja y llora.
No quiero disecciones filosóficas con palabras complejas. Me gustan, pero ahora no las necesito. Quiero naturaleza humana pura, sin justificaciones ni rodeos. Quiero hacer los cómics que mi yo cachonda de doce años quería hacer pero no podía. Quiero escribir lo que mi niña interior cachonda perdida en medio de una clase quería escribir pero nunca hacía por miedo y vergüenza. No quiero tener que esconderme detrás eufemismos y palabras bonitas. Quiero dibujar sexo porque mi relación con el sexo está rota. Quiero dibujar sexo que me hubiera gustado encontrar cuando empecé a masturbarme en el instituto. Quiero dibujar sexo para provocar, para insultar incluso.
Quiero reencontrarme con mi mediocridad en su estado más puro y darle un apasionado beso en los labios.
Y el porno es perfecto para esto. Exagerado, gracioso y vulgar. Lo que busco. Lo que quiero ser. Y no hablemos ya de los fanfics...
Quiero pasar tanta vergüenza con mis 21 años, que ya no me quede más para el resto de mis días.
Y para acabar, os dejo con un parrafón sacado de las primeras páginas de Teoría King Kong de Virginie Despentes, que resonó demasiado con todo esto que siento.
Escribo desde las feas, para las feas, las viejas, las camioneras, las frígidas, las mal cogidas, las incogibles, las histéricas, las chifladas, todas las excluidas de la gran feria de las que están buenas. (...)
(...)De modo que escribo desde ahí, desde aquellas, las no vendidas, las piradas, las rapadas, las que no se saben vestir, las que tienen miedo de oler mal, las que tienen el comedor podrido, las que no saben cómo manejarse, a las que los hombres no les regalan nada, las que cogerían con cualquiera con tal de que acepte cogérselas, las más putas, las trolitas, las mujeres que siempre tienen la concha seca, las que tienen panzas gordas, las que quisieran ser hombres, las que creen que son hombres, las que sueñan con ser actrices porno, a las que les chupan un huevo los hombres pero les interesan sus amigas, las que tienen un culo gigante, las que tienen pelos tupidos y bien negros y que no se van a depilar, las mujeres brutales, ruidosas, las que rompen todo al pasar, a las que no les gustan las perfumerías, las que se ponen rouge demasiado rojo, las que están demasiado mal hechas para vestirse como calentonas pero que se mueren de las ganas, las que quieren ir con ropa de hombre y barba por la calle, las que quieren mostrar todo, las que son pudorosas por complejo, las que no saben decir no, a las que encierran para someterlas, las que dan miedo, las que dan lástima, las que no dan ganas, las que tienen la piel fláccida, la cara llena de arrugas, las que sueñan con hacerse un lifting, una liposucción, con que les rompan la nariz para hacerse otra pero que no tienen dinero para hacerlo, las que ya están demasiado feas, las que sólo cuentan con ellas mismas para protegerse, las que no saben dar seguridad, a las que les importan tres carajos sus hijos, a las que les gusta tomar hasta revolcarse por el suelo de los bares, las que no saben portarse; lo mismo que, y ya que estoy, para los hombres que no tienen ganas de ser protectores, a los que les gustaría pero no saben cómo, los que no saben pelear, los que lloran de buena gana, los que no son ambiciosos, ni competitivos, ni bien dotados, ni agresivos, los que son miedosos, tímidos, vulnerables, los que preferirían cuidar la casa antes que ir a trabajar, los que son delicados, pelados, demasiado pobres para gustar, a los que tienen ganas de que se la pongan, los que no quieren que cuenten con ellos, los que tienen miedo cuando están solos de noche.
